El sistema previsional moderno se enfrenta a un desafío sin precedentes y Carlos Slim tiene una receta drástica para evitar el colapso. El dueño de Telmex sostiene que la estructura laboral diseñada en el siglo pasado ya no encaja con la realidad demográfica actual, donde la medicina y la tecnología han extendido la vida humana mucho más allá de lo previsto originalmente. Para el empresario, el modelo vigente es una "bomba de tiempo" que requiere una cirugía mayor en la forma en que entendemos el empleo.
Una semana laboral más corta pero intensa
La propuesta del magnate rompe con la tradicional semana de cinco o seis días. Su idea se apoya en un esquema de jornada 3x12: tres días de labor intensiva con turnos de 12 horas, seguidos de cuatro días de descanso. Según su análisis, este cambio permitiría que las empresas operen sin interrupciones mientras abren vacantes para que más personas ingresen al mercado, dándole a la vez al trabajador más tiempo para el esparcimiento o la formación profesional.
No obstante, el punto que mayor controversia genera es el retraso de la jubilación hasta los 75 años. Slim argumenta que es económicamente inviable mantener a una población pasiva durante dos o tres décadas, considerando que hoy la esperanza de vida supera con creces el límite de los 65 años. Desde su óptica, el bienestar de una nación debe cimentarse en la productividad activa y no en subsidios estatales que los gobiernos sufren cada vez más para costear.
El impacto en la salud y la brecha sectorial
Este diagnóstico no es una simple teoría para el multimillonario, sino una realidad que observa en sus propias compañías. Citó el caso de su empresa de telecomunicaciones, donde la carga de sostener a más de 40.000 jubilados bajo condiciones de retiro anticipado se ha vuelto un lastre financiero difícil de ignorar. Slim insiste en que, si no se ajusta la edad de retiro a la par de la evolución estadística de la vida, el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) seguirá estancado.
Pese a la frialdad de los números, las alarmas saltaron entre los especialistas en medicina del trabajo y derechos sociales. Las críticas apuntan a que un esquema de 12 horas seguidas puede disparar los niveles de estrés y fatiga crónica, aumentando el riesgo de accidentes. Además, se cuestiona la falta de distinción entre rubros: mientras un administrativo podría trabajar hasta los 75 años, imponer esa edad a obreros de la construcción o mineros, cuyo desgaste físico es extremo, parece una meta humanamente inalcanzable.